1. Compañía genuina, no dependencia
En la madurez, la soledad se comprende mejor, pero también se elige con más conciencia. Un hombre mayor suele valorar una compañía que sume, no que invada.
No se trata de estar juntos todo el tiempo, sino de disfrutar la presencia mutua sin exigencias constantes. Compartir silencios cómodos, conversaciones simples, caminatas tranquilas o una comida sin apuro. La verdadera compañía no asfixia: acompaña.
