Skip to content
Todos conocemos esas noches en las que nos quedamos dormidos como un tronco… solo para tener que levantarnos una, dos, a veces tres veces para ir al baño. Al principio, bromeamos: “Es mi edad”, “Tomé demasiada infusión”. Pero cuando se convierte en algo cotidiano, la fatiga se instala, y con ella la duda. ¿Es normal? ¿Es una señal que no debemos ignorar? La buena noticia es que hay explicaciones sencillas, y a menudo tranquilizadoras. La clave está en aprender a descifrar lo que tu cuerpo intenta decirte, sin entrar en pánico, pero también sin ignorarlo.