Admítelo: entre un despertar tardío, un día ajetreado o simplemente por las ganas de ponerte cómodo, te has saltado una ducha alguna vez. Una, dos veces… y luego te preguntas: ¿es tan malo? Alerta de spoiler: tu cuerpo reacciona más rápido de lo que crees, pero no siempre como esperas. Porque entre el exceso de higiene y la negligencia total, hay un punto medio que tu piel adora.

Ducharse con demasiada frecuencia: una mala idea

Mucha gente cree que ducharse a diario es esencial. En realidad, lavarse con demasiada frecuencia elimina la película protectora natural de la piel, la que la mantiene flexible y cómoda.

La piel excesivamente desprovista de grasa se vuelve más seca, más reactiva y, paradójicamente, más vulnerable a los desequilibrios. Por lo tanto, puede producir más sebo para defenderse, creando un círculo vicioso desagradable.