Otro punto que suele generar dudas es si el herpes zóster es contagioso. La respuesta es parcial. Una persona con herpes zóster no contagia la enfermedad como tal, pero sí puede transmitir el virus varicela-zóster a alguien que nunca tuvo varicela ni fue vacunado, provocándole varicela, no herpes zóster. Por eso, durante la fase activa, se recomienda evitar el contacto directo con personas inmunodeprimidas, mujeres embarazadas y recién nacidos.
En los últimos años, la prevención ha ganado un rol central. Existen vacunas diseñadas específicamente para reducir el riesgo de desarrollar herpes zóster y, en caso de que aparezca, disminuir la gravedad del cuadro. Los organismos de salud recomiendan la vacunación principalmente en adultos mayores y en personas con factores de riesgo, ya que ha demostrado ser una herramienta eficaz para evitar complicaciones.
Más allá de los tratamientos y las vacunas, el herpes zóster deja una enseñanza clara: la salud no depende solo de la ausencia de enfermedades visibles. El equilibrio del sistema inmunológico, el manejo del estrés y la atención a las señales del cuerpo juegan un papel fundamental. Muchas veces, el organismo avisa antes de que algo se manifieste de forma evidente.
En definitiva, el herpes zóster es una enfermedad conocida pero subestimada. Comprender su origen, reconocer sus primeros síntomas y actuar a tiempo puede marcar una gran diferencia en su evolución. Informarse no genera alarma, sino prevención, y en este caso, estar atentos puede evitar dolor prolongado y complicaciones innecesarias.
