“El alimento más mortal del mundo” mata a más de 200 personas al año, pero millones siguen consumiéndolo.

¿Por qué seguimos comiéndolo a pesar de todo?

Porque la yuca también tiene muchas ventajas. Es saciante, versátil, naturalmente libre de gluten y rica en carbohidratos complejos. Bien preparada, aporta vitamina C y potasio, y contribuye al bienestar digestivo gracias a su almidón resistente.

En la cocina, se presenta en diversas presentaciones: panes planos, purés, postres, papas fritas o tapioca. Su sabor neutro permite su uso tanto en platos salados como dulces.

Un equilibrio entre tradición e información.
Esta situación pone de relieve una verdad fundamental: lo natural no significa necesariamente seguro. Como muchos alimentos tradicionales, la yuca requiere respeto, tiempo y un mínimo de conocimiento. Cuando este conocimiento se transmite, sigue siendo un valioso alimento básico.

En lugar de demonizar este alimento, los expertos piden reforzar la información y la educación alimentaria, para que todos puedan seguir beneficiándose de él sin riesgos innecesarios.

Porque, en definitiva, la yuca no es ni un enemigo ni un alimento milagroso, sino un recordatorio esencial: comer bien siempre empieza por entender lo que ponemos en el plato.

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