El enojo crónico y su impacto en la inflamación del cuerpo: lo que dice la ciencia

El enojo es una emoción humana normal y necesaria para la supervivencia. Sin embargo, cuando se vuelve persistente y mal gestionado, puede transformarse en un factor de riesgo silencioso para la salud. En los últimos años, la ciencia ha demostrado que la ira crónica no solo afecta el bienestar emocional, sino que activa procesos biológicos que favorecen la inflamación sistémica, el estrés sostenido y el deterioro de múltiples órganos.

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Qué ocurre en el cuerpo cuando el enojo se vuelve crónico

Cuando una persona experimenta enojo de forma repetida, el sistema nervioso simpático permanece activado más tiempo del necesario. Esto provoca una liberación constante de hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina. A largo plazo, este estado altera la regulación normal del sistema inmunológico, favoreciendo un entorno inflamatorio de bajo grado que puede mantenerse durante años.

Estudios explican que esta inflamación persistente no siempre produce síntomas inmediatos, pero contribuye al desarrollo progresivo de enfermedades metabólicas, digestivas, neurológicas y cardiovasculares.

Relación entre ira crónica y estrés fisiológico

 

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