El viaje de una escritora que descubrió la abrosexualidad después de tres décadas

La propia Emma resume su experiencia en una frase que refleja su manera de ver las relaciones: “Amo a la persona, más que a su género. Mi sexualidad puede fluctuar, pero eso no cambia lo que siento por quien está a mi lado”. Con estas palabras, invita a repensar la idea de que la identidad sexual debe ser fija o definitiva.

Su testimonio subraya que el autoconocimiento es un proceso en constante movimiento. Así como otros aspectos de la vida evolucionan con la edad, la sexualidad también puede hacerlo. “Todos aprendemos cosas nuevas sobre nosotros mismos, esa es la esencia de crecer”, reflexiona la escritora, quien espera que la abrosexualidad sea reconocida y respetada como una identidad más dentro de la diversidad humana.

La historia de Emma Flint es, en definitiva, un recordatorio de que cada vivencia es única y que el simple hecho de tener un término para describir lo que sentimos puede transformar la forma en que nos percibimos. Para muchas personas, encontrar esa palabra es el primer paso hacia la aceptación personal y hacia un camino más libre de prejuicios.