Suele decirse que las emociones no avisan. Que aparecen sin permiso, sin lógica aparente y sin atender a las reglas que las personas intentan imponerse. En esa idea hay algo de verdad, pero también una omisión importante: los sentimientos no existen en el vacío. Siempre interactúan con decisiones, contextos y responsabilidades, especialmente cuando la atracción surge en situaciones emocional o moralmente complejas.
Las historias que siguen reúnen experiencias de mujeres que se vieron envueltas, de maneras muy distintas, con hombres casados. No todas partieron de la misma intención ni llegaron a las mismas conclusiones, pero en conjunto revelan cómo el deseo inesperado puede desafiar límites, confundir certezas y, con el tiempo, convertirse en una fuente de aprendizaje profundo.
