El clavo se reconoce a menudo como esa pequeña especia aromática que realza tanto los platos dulces como los salados, pero su historia va mucho más allá de su sabor. Durante siglos, en Asia, Oriente Medio y África, se utilizaba para preparar un té sencillo, que se infusionaba y se consumía a diario como tónico natural, mucho antes de la llegada de los suplementos dietéticos modernos.
En el mundo actual de complejas tendencias de bienestar, el té de clavo destaca por su simplicidad. Basta con unos pocos clavos enteros remojados en agua caliente para crear una bebida rica en compuestos vegetales que benefician al cuerpo de pies a cabeza. Aliviando molestias, facilitando la digestión, fortaleciendo el sistema inmunitario, estimulando el metabolismo y promoviendo la longevidad, el té de clavo une la sabiduría ancestral con la ciencia moderna.
