Un juego de ilusión que pone a prueba los nervios.

“¡Pensé que era una broma durante diez minutos!”, relata un internauta divertido. “¡Cuando por fin lo vi, me sobresalté!”. Otro bromea: “¡Este camuflaje es digno de un ninja de la naturaleza!”.
Estas reacciones no son sorprendentes. Como nos recuerda el Museo Americano de Historia Natural, nuestro cerebro detesta la incertidumbre: instintivamente llena los vacíos para dar sentido a lo que percibe. Es precisamente este mecanismo el que hace que las ilusiones ópticas sean tan fascinantes.
