Debido a eso decidieron venderla y demandar a los propietarios anteriores, quienes no le habían contado de esa situación.
La última carta que recibieron los Broaddus cuando decidieron huir, decía: «La casa te desprecia.
El vigilante ganó».
En la investigación que llevaron a cabo la policía determino que el ADN pertenecía a una mujer.
Sin embargo, la identidad real del hostigador sigue siendo un misterio.
