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Hay recuerdos que se nos quedan grabados como una cicatriz invisible. A los 17 años, aún creía estar a salvo de las adversidades de la vida, y sin embargo, todo cambió en cuestión de semanas. Cuando su pareja se enteró de su embarazo, se marchó sin enojo, sin gritar, dejando tras de sí un silencio más pesado que cualquier reproche. Se encontró sola, aún adolescente, intentando ser fuerte mientras el miedo no la abandonaba ni un segundo.