Perdí a mi bebé a los 17 años y salí del hospital con las manos vacías.

Saliendo del hospital, entrando al vacío

Salió del hospital con las manos vacías. Regresó a casa agotada y con el corazón apesadumbrado. Empacó pertenencias que nunca usaría, suspendió sus estudios y aceptó varios  trabajos precarios . En realidad, no vivía: solo sobrevivía, día tras día.

Un encuentro inesperado y un gesto de respeto

Han pasado tres años. Una tarde cualquiera, al salir de una tienda, una voz la llamó por su nombre. Al darse la vuelta, reconoció el rostro: la enfermera, inmutable, con un sobre y una fotografía en la mano. En la imagen, la joven de 17 años  , sentada en una cama de hospital, con el rostro demacrado pero erguida, viva y fuerte sin siquiera darse cuenta. La enfermera le explicó entonces que nunca lo había olvidado. Había creado un pequeño fondo para ayudar a  madres solteras jóvenes  a retomar sus estudios, y esta joven había sido la primera persona en la que había pensado. No por lástima, sino por respeto.