Salud física: La falta de sueño aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes (46% más para quienes duermen menos de 5 horas), hipertensión e incluso depresión.
Control de peso: El sueño afecta a hormonas como la leptina, que regula la saciedad. Una deficiencia promueve el picoteo, lo que lleva a un aumento del 55% en el riesgo de obesidad.
Cerebro y emociones: Durante la noche, el cerebro repara conexiones, consolida el aprendizaje y procesa las emociones. Sin descanso, el estado de ánimo y el rendimiento cognitivo se ven afectados.
Sistema inmunitario: La falta de sueño debilita las defensas naturales, lo que lo hace más vulnerable a las infecciones.
Un famoso experimento destacó estos efectos: en 1964, Randy Gardner, un joven de 17 años, permaneció despierto durante 11 días. El resultado: paranoia, alucinaciones, pérdida de memoria y deterioro cognitivo, aunque afortunadamente se recuperó después de una larga noche de sueño.
Conceptos básicos para un sueño de calidad.
Antes de pasar a los consejos, es fundamental revisar algunos puntos:
Duración ideal: Observe sus necesidades naturales de sueño anotando la duración de sus noches durante un período prolongado de baja. Para la mayoría de las personas, varía entre 7 y 9 horas.
Problemas de salud subyacentes: Problemas como la apnea del sueño o trastornos tiroideos pueden explicar el insomnio. Consulte con un profesional si es necesario.
Uso de pastillas para dormir: Estos medicamentos no son una solución a largo plazo. Aproximadamente el 20% de los usuarios reportan efectos secundarios.
Suplementos dietéticos naturales.
1. Adapte su dieta y actividad física.
La dieta y el estilo de vida influyen directamente en la calidad del sueño.
