2. La rutina vuelve a imponer reglas invisibles
Muchas parejas mayores no discuten, pero tampoco son libres.
Aparecen horarios, hábitos y expectativas: comer juntos, dormir juntos, ver lo mismo, ir a los mismos lugares.
La vida vuelve a organizarse alrededor del otro. Y sin darse cuenta, la persona deja de escucharse a sí misma para adaptarse nuevamente.
