Las personas amables a menudo poseen rasgos únicos que las distinguen.

Cuando imaginamos a una persona amable, solemos pensar en alguien rodeado de amigos, siempre incluido y querido por todos. Sin embargo, en realidad, las personas más amables a veces son las más solitarias. Pueden ser profundamente compasivas, generosas con su tiempo y poseer una sabiduría precoz; sin embargo, a menudo viven la vida con solo unos pocos amigos cercanos.

Esto parece paradójico. ¿Por qué una persona que irradia bondad y comprensión no debería estar en el centro de todo círculo social? Lo cierto es que las mismas cualidades que hacen a estas personas extraordinarias son también las que las distinguen de las demás.