Admítelo: entre un despertar tardío, un día ajetreado o simplemente por las ganas de ponerte cómodo, te has saltado una ducha alguna vez. Una, dos veces… y luego te preguntas: ¿es tan malo? Alerta de spoiler: tu cuerpo reacciona más rápido de lo que crees, pero no siempre como esperas. Porque entre el exceso de higiene y la negligencia total, hay un punto medio que tu piel adora.

Lo que vive naturalmente en tu piel (y eso es una muy buena noticia)

Contrariamente a la creencia popular, la piel no está destinada a ser estéril. Alberga de forma natural un ecosistema complejo compuesto por numerosas bacterias y microorganismos beneficiosos. ¿Su función? Proteger la barrera cutánea, mantener la hidratación y limitar los desequilibrios.

Cuando todo funciona correctamente, este equilibrio es invisible… y sin olor. Pero si no se lava durante varios días, algunas bacterias menos beneficiosas pueden ocupar demasiado espacio.