Estar limpio no significa ducharse todos los días.

El resto de los días, una limpieza localizada es suficiente: rostro, manos, axilas, zona íntima y pies si es necesario. Una toallita suave, agua tibia, un limpiador suave… ¡y listo! Esta rutina ayuda a cuidar la piel a la vez que mantiene una sensación de frescura y confort.
