Las personas amables a menudo poseen rasgos únicos que las distinguen.

No se limitan a esperar su turno para hablar. Son atentos, recuerdan los detalles y se aseguran de que los demás se sientan comprendidos. Esto los convierte en excelentes confidentes, pero también les permite ser discretos en grupos más ruidosos y enérgicos.

Para un extraño, pueden parecer tranquilos o distantes. Pero en realidad, su fortaleza reside en su capacidad de escucha. Construyen confianza gradualmente, y quienes se toman el tiempo de observarlos a menudo descubren la profundidad y la fiabilidad de un verdadero amigo.

2. Se mantienen alejados de los chismes y los dramas grupales.

Para muchos grupos sociales, el chisme es una forma de cohesión. Fomenta la risa espontánea, alianzas temporales y un sentido de pertenencia. Pero para las personas bienintencionadas, el chisme es tóxico.