Perdí a mi bebé a los 17 años y salí del hospital con las manos vacías.
El anuncio irreversible y la frase que lo cambia todo
Dos días después, llegó la noticia, fría e irreversible. El mundo se detuvo. Ni gritos, ni escenas. Solo un vacío inmenso e indescriptible. ¿Cómo se puede llorar a alguien a quien nunca se pudo abrazar? Fue entonces cuando una presencia silenciosa cambió algo. Una enfermera se sentó a su lado. Nada dramático. Solo una voz suave, gestos lentos y esa frase susurrada, como una frágil promesa: «Eres joven. La vida aún tiene planes para ti». En ese momento, esas palabras parecían imposibles de creer.