Hay temas que la gente evita hasta que la vida los pone contra la pared: una pérdida, un sueño demasiado real, una “casualidad” que se repite, una sensación que no se puede explicar. Y en ese momento aparece la misma pregunta, dicha en voz baja o a gritos por dentro: ¿se acaba todo cuando el cuerpo se apaga?
Desde la mirada de una médium, la respuesta es directa: la muerte no es un final, sino un cambio de estado. Lo que se va es la forma física. Lo que permanece —la conciencia, la esencia, el “yo profundo”— sigue existiendo en otra frecuencia. Y aunque esto suene imposible para quien jamás lo vivió, la experiencia de quienes tienen sensibilidad espiritual suele repetir patrones: presencias, mensajes, intuiciones, señales, y una sensación persistente de que no estamos solos.
Nunca estás realmente solo: guías, ancestros y presencias
Según esta visión, toda persona está acompañada. No como una idea romántica, sino como una realidad energética: guías, ancestros, protectores y presencias que, por amor o por misión, se acercan al campo de una persona.
