Sueños lúcidos o vívidos: encuentros que dejan paz, mensajes claros, despedidas.
Aromas repentinos: perfume, comida, tabaco, flores… asociados a alguien.
Canciones repetidas: la misma canción apareciendo en momentos clave.
Electricidad y tecnología: luces que parpadean, aparatos que se encienden.
Animales y naturaleza: especialmente aves, mariposas, libélulas, como símbolos.
Intuición corporal: presión en el pecho, nudo en la garganta, calma repentina.
La clave, según la médium, no es obsesionarse, sino observar: cuando estás en calma, entiendes mejor el mensaje.
La sombra existe: energías densas y “bajo astral”
Otro punto delicado de esta visión es aceptar que no todo lo que se percibe se siente “bonito”. Se habla de energías densas, entidades que se alimentan del miedo o del desgaste emocional, o “ambientes cargados”.
No se plantea para vivir asustado, sino para entender un principio simple: si tu energía está baja, eres más vulnerable. Estrés crónico, tristeza profunda, hábitos destructivos, consumo excesivo de alcohol, falta de sueño… todo eso puede dejarte “abierto”.
La propuesta no es paranoia: es higiene emocional y energética.
Consejos y recomendaciones
No busques señales desde la desesperación. Si estás muy alterado, es más fácil confundir miedo con intuición. Primero regula tu emoción (respira, descansa, habla con alguien de confianza).
Honra sin quedarte atado. Recordar, agradecer, hablarle en voz alta a un ser querido puede aliviar. Pero evita convertirlo en dependencia: el amor no necesita cadenas.
